Al inicio de nuestra relación, o más bien antes de la misma, mi marido y yo tuvimos muchos desencuentros. En uno de ellos, hace ya 10 años, él me llamó por teléfono y lo único que hizo fue ponerme canciones y leerme poemas. Y yo lloraba y lloraba mientras lo escuchaba. Este es uno de esos poemas...
Si tu me olvidas
Pablo Neruda
Quiero que sepas
una cosa.
Tú sabes cómo es esto:
si miro la luna de cristal, la rama roja
del lento otoño en mi ventana,
si toco
junto al fuego
la impalpable ceniza
o el arrugado cuerpo de la leña,
todo me lleva a tí,
como si todo lo que existe,
aromas, luz, metales,
fueran pequeños barcos que navegan
hacia las islas tuyas que me aguardan.
Ahora bien,
si poco a poco dejas de quererme
dejaré de quererte poco a poco.
Si de pronto
me olvidas
no me busques
que ya te habré olvidado.
Si consideras largo y loco
el viento de banderas
que pasa por mi vida
y te decides
a dejarme en la orilla
del corazón en que tengo raíces,
piensa
que en ese día,
a esa hora
levantaré los brazos
y saldrán mis raíces
a buscar otra tierra.
Pero
si cada día,
cada hora
sientes que a mí estás destinada
con dulzura implacable.
Si cada día sube
una flor a tus labios a buscarme,
ay amor mío, ay mía,
en mí todo ese fuego se repite
en mi nada se apaga ni se olvida,
mi amor se nutre de tu amor, amada,
y mientras vivas estará en tus brazos
sin salir de los míos.
Afortunadamente, el destino me dirigió, dulce e implacablemente, hacia sus brazos.
