Después de unos cuantos meses paseándome por la blogósfera, explorándola, conociéndola, me he dado cuenta que es definitivamente un reflejo del mundo, particularmente del mundo social.
Hay blogs de todo tipo: grandes, chiquitos, rosas, grises, intelectuales, superficiales, literarios, coloquiales...
Además, siendo los blogs una especie de diarios, cada quien elige lo que desea mostrar en ellos: sus frustraciones, sus problemas, sus gustos, sus pasiones, sus creaciones, sus reflexiones, sus lazos, incluso, hasta sus cuerpos.
Hay blogs, o más bien blogueros, con los que uno se conecta y otros con los que no encuentras puntos en común. En ocasiones, esto puede llevar a discusiones, críticas o incluso ataques, que pueden ocurrir en la “bitácora” de cualquiera los dos “bandos” o a veces hasta en el campo de un tercero que funciona como “espacio neutral”.
La discusión puede volverse álgida, pero con la posibilidad de réplica es posible, incluso, llegar a una tregua. Por otro lado hay quienes deciden no entrarle al juego de la discusión e incluso abandonan el campo de batalla. Pero hay quienes llevan los ataques más allá, invaden la intimidad del otro, suplantan su identidad, se escudan en la libertad de expresión para dejar salir los comentarios más bajos y las burlas más vulgares. En el mundo social “concreto”, no virtual, ese tipo de actitudes ha llevado a guerras destructivas, pero totalmente inútiles.
A veces pienso que los blogs se crearon como espacios para contribuir a que el mundo social, ergo humano, se filtre entre los códigos de la era tecnológica. Lástima que la vileza también sea humana.
