sábado, junio 25, 2005

Bat time

Chiroptera

Antes que nada, les aclaro que esta no es una reseña sobre la última película de Batman (o más bien sobre Batman), de la cual, por cierto, sólo he visto los cortos.

Muchas veces he tenido la impresión de que soy adicta al trabajo. Estoy prácticamente la mitad del día metida en la oficina (ahora mismo, sábado medio día, estoy sentada en mi escritorio cuando no tendría por qué estarlo). Yo siempre me justifico diciendo que tengo muchas, pero muchas cosas que hacer. Y es cierto. Pero también es cierto que hay otras personas que también tienen mucho que hacer, pero aún así salen corriendo cuando el reloj marca justo las 6 de la tarde. A mí, en cambio, se me hacen las 7, las 8, las 9, las 10 en la oficina. A veces más tarde.

Obviamente, cuando salgo, prácticamente soy la única persona en esta institución. Siempre hay “polis” y por eso me quedo más o menos con cierta seguridad, pero nada más. Muchas veces, cuando salgo, todas las luces están apagadas y los pasillos, escaleras y estacionamientos están oscuros.

Cuando voy caminando rumbo a mi auto en esas ocasiones, siempre recuerdo las escenas típicas de películas de terror en las que “la chica” camina sola, a altas horas de la noche, en un lugar oscuro y solitario, cuando de repente le salta encima: el vampiro, el psicópata, el novio obsesionado, el extraterrestre, etc., y uno se pregunta - ¿Quién anda sola a esas horas en un lugar oscuro? Yo.

Pero no me da miedo. Camino por el pasillo lleno de puertas cerradas, a veces hasta entro al baño, llego a mi carro, meto mis cosas con tranquilidad, enciendo el carro, salgo del lugar. No siento temor.

Excepto cuando cierro la puerta de mi oficina, que queda hasta el final de un laaaaargo pasillo, todo está oscuro y veo un revoloteo incesante y unos chillidos agudos. Bat time. Los murciélagos han salido. Y yo pienso que tengo que caminar todo ese trayecto con esos pequeños roedores voladores a mi alrededor. Pienso en los documentales del Discovery Channel y confío que ellos nunca chocarán conmigo. Respiro profundo, casi cierro los ojos y corro hasta llegar a la escalera. Estoy a salvo.

Y entonces me siento la mujer más ridícula del mundo.