Yo no soy mucho de andar buscando "señales" en el mundo. Las cosas pasan y ya. Pero hay eventos pequeños, sencillos, que te hacen pensar si no habrá "alguien" queriéndote decir "algo".
Hoy estaba yo en el trabajo, revisando blogs amigos después de mucho tiempo, cuando de repente un pajarillo pequeño, de ojos negros y almendrados vino a posarse en mi ventana. Pero no distraídamente, no buscando algo, sino viéndome.
Ahí estaba, con la cabeza pegada (de verdad, pegada) al cristal. De frente a la ventana, quieto, viéndome. Me levanto de la silla y me acerco. ¿Qué espera uno? Que salga volando, por supuesto. Nada. Me paro enfrente de él, junto a la ventana. Lo veo, me ve. Acerco mi mano, sigue ahí. Siempre buscando explicación racional, me pregunto si estará enfermo, lastimado. Como respondiéndome, gira la cabeza y echa a volar, sin problema. Lo veo alejarse.
Tal vez si creyera, me llegarían los mensajes.
