miércoles, septiembre 21, 2005

París

Cuando me fui a Europa, le verdad no llevaba un plan específico. Sabía que iba a Tübingen con mi amiga y que seguramente visitaría los alrededores. Pero nada más. Cuando llegué allá, comenzamos a pensar juntas a dónde me convenía ir, porque además, como ella estaba trabajando, si se trataba de un viaje largo me lo tendría que aventar sola.

Hubo varias opciones: Berlín, Estrasburgo, Metz... Pero yo quería París. Cómo ir a Europa y no ir a París. Así que nos pusimos a investigar, compramos mis boletos del tren y apartamos un hotelillo de dos estrellas por internet. 7 horas de viaje que valieron la pena.

París es, simple y sencillamente, maravilloso. Todo, absolutamente todo, es hermoso. Por donde camines, a donde voltees. Además, por ser una ciudad tan conocida en el mundo, no tienes problema para elegir a donde ir e incluso para referenciar tus nuevas experiencias (cosa que me costó más trabajo en Zürich, por ejemplo).

Estuve en París 3 días, paseándome sola, y conocí lo más típico de la ciudad. Caminé como loca, me insolé; comí crepas, quiché lorraine y croque monsieur (comida rápida francesa). Me moví en el metro como pez en el agua gracias a mi experiencia en el DF. Recibí uno que otro piropo de hombres negros dirigidos a la parte más prominente de mi anatomía (a los 31 años, uno comienza a apreciar esos comentarios). Practiqué mis nociones básicas del idioma galo. Y me quedaron unas ganas inmensas de volver.


LA CAMPIÑA FRANCESA VISTA DESDE EL TREN















EXTERIOR DEL LOUVRE















INTERIOR DEL LOUVRE















EL ARCO DE LA DEFENSA VISTO DESDE LO ALTO DEL ARCO DEL TRIUNFO