En esta vida moderna, las campañas publicitarias se han convertido en una herramienta muy utilizada para hacer llegar diversos mensajes, digamos “sociales”.
Para un ejemplo (y su respectiva opinión), pueden ver el post acerca de la campaña del condón que se está dando en Chile en el blog de Hernán.
El problema con esas campañas, creo yo, es que, por las limitaciones propias del medio, no permiten hacer llegar el conocimiento necesario para generar un verdadero cambio de conducta en las personas, por lo que se vuelven “vacías”.
Re-tomemos el ejemplo del condón. En la campaña chilena, existe un cartel que dice “siempre tengo mi condón”, con la foto de una “colegiala”. A los grupos católicos del país eso les parece “grotesco”. Pero bueno, supongamos que cumple el posible objetivo del publicista y se logra que la población de secundarianas y/o preparatorianas decida ir en bola a las farmacias (no a las Guadalajara) a comprarse un condón. ¿Y? Si se quedan ahí no funciona. Y de veras, no funciona.
No saben la cantidad de casos que conozco, gracias a una amiga mía que es sexóloga y profesora (ergo, consejera), de muchach@s que “usan” el condón de una manera lamentable. Y no me refiero al aspecto moral, sino al práctico. No saben usarlo, porque nunca nadie les enseñó a usarlo adecuadamente. De qué sirve que repartan condones en los eventos juveniles si no reparten además instructivos.
Yo no sabía como usar el condón, hasta que unas compañeras de la licenciatura, que estaban haciendo su servicio social en el COESIDA (Consejo Estatal para la Prevención y Control del Sida), se les ocurrió que sería bueno explicárnoslo a las demás. Cabe mencionar que ni yo ni mis otras compañeras corrimos a buscar al novio para aplicar el conocimiento. Cada una lo puso en práctica (o no) en su momento, según su moral y sus planes de vida. Pero ya lo sabíamos.
Veamos otro ejemplo menos polémico: la separación de deshechos. Yo puedo repartir en cada hogar un paquete conteniendo 4 juegos (1 por semana) de 3 bolsas de colores, correspondientes cada una a un tipo de deshechos (orgánicos, inorgánicos y sanitarios). ¿Y? No por eso la gente va a separar “la basura”. Primero, no nos han dicho qué poner en cada bolsa. Y aunque nos digan, si no hemos hecho conciencia de la importancia de ese hecho, no lo vamos a hacer, porque separar la basura implica un esfuerzo extra (que parece grande al principio, pero que se vuelve mínimo cuando adquieres el hábito).
Sé que no toda la “culpa” la tienen los publicistas. También el público llevamos nuestra parte. Somos flojos y muchas veces no queremos saber, porque el conocimiento implica responsabilidad. Si yo sé cuáles son los efectos de generar toneladas de basura diarias y me dan los instrumentos para hacer algo, pero aún así no hago nada ¿no soy una irresponsable? Si yo tengo el conocimiento de cómo se transmite el VIH y aún así tengo prácticas sexuales no seguras (tener sexo casual, infiel o no, es de por sí una práctica no segura, aún más si lo haces sin condón), estoy siendo irresponsable. Y, en ambos casos, no sólo conmigo mismo, sino con mi entorno: con mi pareja, con mis hijos, con mi comunidad, con mi planeta.
Así que la solución no están en las campañas tipo “llévelo, llévelo”, sino en el conocimiento (no sólo la información) que se hace llegar a las personas y la disposición con las que las personas recibimos el mensaje.
Y pues sí, no es fácil, como todo lo que vale la pena en esta vida.
