jueves, febrero 16, 2006

Amores platónicos

Supongo que toda mujer (y hombre, tal vez) que desde pequeña tuvo acceso a los medios masivos de comunicación tuvo este síndrome alguna vez: el de los amores platónicos mediáticos. Yo por los menos sí los he tenido.

Han sido varios, la verdad no sé exactamente cuántos, ya que algunos iban y venían rápidamente, principalmente en mi período de adolescente. De hecho, hubo un momento, en la universidad, que pensé que ya había pasado todo, pero me ha dado gracia darme cuenta de que no es así. Por eso pensé en escribir este post.

Mi primer amor platónico, desde que era niña, ha sido Pedro Infante. Soy de las que han visto miles y miles de veces sus películas. De hecho, creo que la primera película con la cual se me salieron las lágrimas fue “Tizoc”. Eso sí, las películas de drama atormentado como “Nosotros los pobres”, “Ustedes los ricos” y “Un rincón cerca del cielo” nunca fueron muy de mi agrado.

Ahora, ya treintona, varios de sus filmes ofenden mi sentido feminista, pero la presencia de Pedro Infante sigue siendo muy atrayente. Hago enojar a mi marido diciéndole que, si yo hubiera vivido en su época, me hubiera suicidado al saber del accidente (aunque la verdad no es para tanto). Y me puedo derretir escuchándolo cantar “Nocturnal” o “Amor de mis amores”.

Mi segundo gran amor platónico llegó a finales de la primaria y estuvo presente toda la secundaria: Michael J. Fox. Lo ví en la película “Aventuras de un lobo adolescente” y me enamoré perdidamente de él.

En ese entonces todavía no era muy famoso. Eso me permitió jugar cierto tiempo con un recorte de revista que, puesto en un tarjetero, parecía realmente una foto. Yo andaba por la secundaria diciendo que era mi novio y – créanlo o no – más de un@ mordió el anzuelo. Cuando se empezó a hacer más conocido, entonces me lo empezaron a “pelear”. Con mis amigas compartíamos sus datos biográficos, fotos, etc.

Yo siempre he sido muy estable en mis relaciones, incluso las platónicas mediáticas, así que aunque tuve otras atracciones (algunas algo penosas), Michael siempre tuvo su lugar.

Ya después, en la preparatoria y en la universidad, comencé a interesarme más en los amores posibles y no tanto en los platónicos. Los actores y cantantes pasaron a segundo plano cuando comencé a fijarme en chicos a mi alcance.

De hecho, yo pensé que Michael iba a ser mi último “gran amor platónico”. Pero no fue así.

Recientemente encontré un nuevo objeto de afecto mediático: Hugh Jackman. Y eso que no fue “Wolverine” la primera interpretación que vi de él, sino “Van Helsing”.

La prueba de que Hugh Jackman se había convertido en mi nuevo amor platónico la tuve cuando me dieron ganas de ponerlo como fondo de escritorio en mi laptop. Así que ahora, cada vez que prendo mi compu, me inspiro con esa imagen.

Me ha dado también por ver todas las películas en las que ha salido. Y si tuviera la oportunidad, correría a Brodway a ver “The Boy of Oz”.

Como dije al principio, me da gracia que a los treinta y un años pueda todavía “enamorarme” de alguien a través de una pantalla. Ahora me da curiosidad saber qué (o quién) vendrá en los siguientes años (je, je).


¿Y ustedes tienen amores platónicos mediáticos?