miércoles, abril 26, 2006

C'est ironique

Aquellos que trabajan y se ven obligados a tomar sus sagrados alimentos del medio día cerca del lugar donde laboran, seguramente compartirán conmigo la experiencia de andar cargando un cepillito de dientes a todos lados. Puede que lo tengan en la bolsa o en la mochila, que lo guarden en algún cajón del escritorio o que lo traigan en la guantera del carro.

A mí me gustan los cepillos portátiles. Andar cargando con un cepillo normal, aún aquellos que traen su estuchito, me parece poco discreto. Y de entre los cepillos portátiles el que más me gusta es el Oral-B. Se trata de un cepillo de la mitad del tamaño normal, con tapa que se quita y se coloca en la base (así como la tapa de un bolígrafo o de un plumón), alargando el mango. Me gusta más que los cepillos con mango plegable, que se rompen bien fácil y te dejan con un mango de 5 cm. que ni puedes agarrar bien.

Lo malo es que esos cepillos Oral-B son escasos, al menos en mi rancho. De repente desaparecieron de los centros comerciales y las farmacias y sólo los encuentro de vez en cuando en un Sanborn’s. Y siendo un cepillo que utilizaba diariamente, hasta dos veces al día, pues como que necesitaba cambiarlo seguido.

Así que cuando fui a Alemania y me encontré en un supermercadito esos cepillos a un precio en euros muy similar al de México, pues me compré uno. Llegué a la casa de la amiga con la que me quedaba, lo metí en mi maleta y no lo volví a sacar hasta que llegué a mi casa y empecé a desempacar.

Muy contenta saqué mi cepillito, lo puse en mi bolsita, y me puse a leer el empaque, que estaba en francés. Fue ahí cuando lo vi: Fabriqué au Mexique. Oui. C’est ironique.