¿Por qué se pone una persona a dieta? Pues creo que principalmente, porque está o se siente gorda.
En mi caso, estaba gorda, aunque yo no me sentía tanto. Pero la báscula marcaba claramente 15 kilos de más. Y 15 kilos… son muchos. Además, estaba la gordura del marido. Ese era mi espejo. Cuando se acostaba en la cama y yo veía esa enorme barriga acomodarse a un lado, pensaba “Eso no está bien, no puede estar bien”. Y más allá de la estética, yo de veras pensaba que un abdomen como ese, que parecía crecer día con día, no era sano, no iba a terminar en ningún buen lado. Ahora mi marido me confiesa que él pensaba lo mismo de mí.
Así que decidimos ponernos a dieta. No es fácil, claro, pero vale la pena el esfuerzo. Vale la pena cuando te das cuenta que funciona, cuando ves que tu ropa te empieza a quedar más holgada y que aquel pantalón que pensabas que nunca, nunca te volverías a poner, te ajusta a la perfección. Vale la pena porque la panza desaparece y a veces te parece que la celulitis también. Vale la pena porque te sientes más ligero, más joven y porque hay cosas, como la vida sexual, que mejoran significativamente.
Ayer, además, descubrí otras dos razones. Estaba yo deambulando por un centro comercial del DF, buscando un regalo para mi sobrina. En todas las tiendas que entré, recibí el mismo trato: Señorita. “Señorita”. Hace años que no me decían “Señorita”. Y no porque lo sea. Soy señora y a mucho orgullo. Pero cuando uno anda de pantalón de mezclilla y playera, sin un anillo que te delate, en lugares que no te conocen y que te digan “Señora”, pues se siente feo. Ayer me volvieron a decir “Señorita”.
Una razón más. Un muchacho, visiblemente más joven que yo (como de unos 26-27, le calculo) y guapo, se tomó la molestia de seguirme, tocarme el hombro y hablarme, porque “le llamé la atención”. Se mostró muy amable y caballeroso conmigo. “Muchas gracias” – le dije – “Soy casada”. Se disculpó y se despidió. Hace mucho, muchísimo, que no me pasaba eso (tampoco que me pasara a cada rato, pues, pero ustedes me entienden). Gracias, Álvaro.
Sí, la dieta, vale la pena.
