lunes, agosto 28, 2006

Anécdota

Me acuerdo de esta anécdota seguido, quién sabe por qué (¿para convencerme?).

Tenía yo una vez un maestro tan, pero tan obsesivo, que se ponía fundas de plástico especiales en los zapatos, para no ensuciarlos (no me pregunten dónde las compraba).

Un día que le teníamos que entregar una tarea, yo saqué de mi mochila, más bien pequeña, una hoja oficio toda arrugada (era de ese tamaño a petición expresa) y pensé que no me la iba a recibir.

Pero como me daba flojera volver a imprimirla, la estire todo lo que pude y me acerqué:
- Maestro, aquí está mi tarea pero se me arrugó. Si quiere se la traigo después.
- No, está bien, hasta gusto me da. Es una evidencia de tu salud mental.

Le entregué la hoja y mientras caminaba hacia mi lugar sonreía secretamente y pensaba “Y de la suya también, maestro, y de la suya también”.