A Hernán, por aguardar.
Vienen las angustias agolpadas
y no caben.
Entonces se amontonan donde pueden:
en los rincones,
en los cajones.
Se suben a la cama,
ni se esfuerzan por fingir,
se aprietan unas con otras
y no me dejan dormir.
Si entro a la regadera
se van por la coladera.
Pero luego las veo en el jardín
… parece que no tienen fin.
Angustias montoneras,
parásitos de la mente.
Se aprovechan que no tengo fuerzas
ni para verlas de frente.
Vienen las angustias agolpadas
y no caben.
Entonces se amontonan donde pueden:
en los rincones,
en los cajones.
Se suben a la cama,
ni se esfuerzan por fingir,
se aprietan unas con otras
y no me dejan dormir.
Si entro a la regadera
se van por la coladera.
Pero luego las veo en el jardín
… parece que no tienen fin.
Angustias montoneras,
parásitos de la mente.
Se aprovechan que no tengo fuerzas
ni para verlas de frente.
